14 febrero 2026

EL OTRO CRISTO DE TELDE

Cristo difunto - Basílica de San Juan Bautista de Telde (Fotografía del autor)

En la actualidad muy pocos teldenses desconocen la imagen del Santo Cristo que preside el Altar Mayor de la basílica de san Juan Bautista de la ciudad. De hecho, la devoción que suscita entre los creyentes trasciende los límites municipales.

Esta devoción se fue gestando desde que su imagen pasara a formar parte del patrimonio de la parroquia en algún momento del siglo XVI, con total probabilidad, a partir de 1552, fecha del último inventario realizado por la parroquial de su patrimonio y ajuar en el que aún no se nombra (Hernández, 1940, p. 12). Transcurrido el tiempo, la relación de 1694 del médico e historiador teldense, Marín de Cubas, nos certifica la fama y devoción que suscita en las postrimerías del siglo XVII.

“Tiene en el testero la capilla mayor sobre el Sagrario un Crucifijo de cuerpo grande, el rostro divinamente hermoso, muy devoto y de muchos milagros, su fábrica fue en las Indias Occidentales de mano de españoles, que allá se hubo de los primeros frutos del vino y azúcar de esta Isla, y lugar de Telde en las primeras poblaciones de Indias: su materia es fungosa, papírea, o bombicínea, del corazón de piñas de maíz semejante al blanco del corazón del reamo de la higuera, del junco o hinojo” (Marín, f. 339).

Tan solo diez años más tarde, en 1704, la cruz de madera del Santo Cristo fue enriquecida recubriéndola de planchas de plata con una cartela del INRI a juego, todas ellas finamente repujadas por el orfebre Antonio Hernández y “con limosnas de los vecinos de esta ciudad de Telde a solicitud del Alférez Baltasar de Quintana y Juan de Monguía y Quesada S. C. D. S.”. Así se lee en una de las mencionadas planchas que recubren aún hoy el madero de la imagen.

Sin embargo, pese a lo que pueda parecer, en la parroquial de san Juan Bautista era otra imagen del Crucificado, probablemente la preexistente en el templo y, por ende, más antigua, la que siguió suscitando la devoción de muchísimas familias que, aún a sabiendas de que se trataban de imágenes del mismo y único Cristo, prefirieron seguirle dirigiendo sus oraciones y devoción.

Se trata del Santo Cristo del Pilar, porque en uno de los pilares del templo tenía su altar, también conocido como Cristo de la Consolación. El obispo Verdugo, en visita pastoral a la parroquia de 9 de noviembre de 1779, determinó que “se quitara de la vista y veneración de los fieles” (Hernández, 1940, p. 8), pues más que devoción, producía espanto. Suponemos que esta apreciación del obispo, que no importaba a la feligresía, bien pudo estar causada por la mala calidad de la imagen, bien por su mal estado de conservación, claras referencias a su antigüedad. Quizás, también quiso el obispo encausar la devoción de todos hacia una única imagen, la del Altar Mayor. 

Sin embargo, no parece que la devoción de los teldenses por el Santo Cristo del Pilar o de la Consolación terminase por mor de la voluntad del obispo Verdugo según se desprende de la siguiente información que, además, nos adentra en la devoción a este otro Cristo de Telde hasta bien entrado el siglo XIX.

“El 18 de setiembre de 1632 otorgó en Telde su testamento Catalina Miñol, disponiendo, entre otras cosas, que el escribano don Luis Norman tomase las tierras que la misma tenía donde llamaban las Cabezadas de las Piedras, compuestas de tres fanegadas labradías, las vendiese al mejor postor e invirtiese su producido en aceite para la lámpara del Santo Cristo que se venera en la parroquia de san Juan de Telde, cuidando el propio Norman de que aquello se consumiera en el sostenimiento de dicha lámpara.

[…] Posteriormente, el 2 de marzo de 1704, María García, viuda de Francisco Martín, por su testamento declaró y dispuso que había tenido devoción de encender la lámpara del Santo Cristo del Pilar, para lo cual, según instrumentos a los que se remitía sin mencionarlos, le había dado el Provisor de este Obispado un pedazo de tierra que llaman el Cercado de las Piedras, y que este terreno no entraba en partición para los hijos de la testadora, porque sólo estaba dedicado a dicha pensión de encender la lámpara todos los días festivos: lo cual dejaba a su hija María García, casada con Francisco Morán, para que esta devoción continuara entre sus herederos por siempre jamás, en el supuesto de que si aquellos no aceptaran este encargo, lo hiciese cualquiera de los hijos de la testadora que más se aplicase legando a dicho altar del Santo Cristo un par de candeleros de azófar y unos manteles para las funciones que a sus hijos y herederos se ofreciesen, así como la cera de seis colmenas que poseía.

[…] Pasados veinte y un años, el 23 de enero de 1725, acudió al Provisor y Vicario general de este Obispado, Miguel González, marido de Josefa García, pidiendo la posesión del terreno nombrado las Piedras, porque su cuñado José Hernández que lo tenía, no cumplía con el cuidado de la lámpara y aseo del altar del Santo Cristo, a lo cual accedió el Provisor, bien que el mismo Hernández contradijo aquella posesión en la que fue mantenido Miguel González, con cuyo motivo como hubiese apelado aquel para ante el Metropolitano de Sevilla y el Provisor hubiese oido la alzada en un solo efecto esta superioridad declaró no hacer fuerza el Juez eclesiástico a virtud del recurso de esta clase que por aquella causa introdujo José Hernández.

[…] Mas en lo sucesivo, habiendo ocurrido al mismo Provisor en 1762 Gregorio Morales, como marido de María Antonia Pulido en solicitud de que se le entregasen las mencionadas tierras, cuya administración alegaba haber corrido siempre entre los ascendientes de su mujer y de Juan de Ortega.

[…] Entonces, habiéndose sustanciado ante VE el pleito de posesión y propiedad del referido establecimiento piadoso, al cual salieron el mismo presbítero don Lucas Ramírez, Marías Ortega, Antonio Ortega Morales y Antonia Morales García, viuda de Juan de Ortega, VE tuvo a bien, por su auto de 19 de enero de 1832, que se ejecutó mantener a esta última en la posesión de los terrenos gravados a favor del Santo Cristo del Pilar con la pensión del culto de dicha imagen” (AHPLP).

A bote pronto, el testamento de Catalina Miñol de 1632 parece advertir que aún no había llegado a la parroquia de san Juan el Santo Cristo del Altar Mayor, al no precisar que se refería al del Pilar o Consolación. Es más, la clarificación llega en sus descendientes que siguen pugnando por las tierras que para mantener su culto legó.

Si bien es cierto que el Santo Cristo del Altar Mayor es una imagen propia del siglo XVI, solo hay que contemplar a su “gemelo” Santo Cristo de la Misericordia de Badajoz (Clemente et Bernal, pp. 580-585), bien pudo llegar a la parroquia con posterioridad, entrado el siglo XVII, lo que haría casar su historia mucho mejor con el incremento de la devoción hacia este al término del mismo antes referida, la configuración final del retablo de la capilla mayor del templo y la creación de su cofradía, cuyo libro de cuentas se remonta nada más que a 1752 (Hernández, 1958, p. 221).

Siguiendo esta hipótesis, quizás el nuevo Crucificado, de mejor factura, causó el desplazamiento del primigenio y su conversión en el Cristo “del Pilar”, para diferenciarlo del “del Altar Mayor”. Esta imagen, no la nueva, siguió siendo el objeto de la devoción y manda pía de Catalina Miñol y sus herederos que, ahora sí, ya lo distinguen en su advocación. Por ello, además, contribuyen al mantenimiento de su altar con manteles y candelabros al ser creado ex profeso en la capilla de san Bartolomé (hoy del Sagrado Corazón de Jesús), nueva ubicación de la imagen.

Allí lo encontró el obispo Verdugo en 1799 cuando ordenó retirarlo del culto. Es ilógico pensar que el beneficio de la parroquial ignorase tal mandato episcopal por lo que si todavía en 1832 el Santo Cristo del Pilar tenía altar y culto propio, con sostén económico incluido, era porque su imagen fue renovada por completo o, al menos, adecentada de tal forma que pudiera seguir teniendo culto público.

Santo Cristo de la Sacristía - Basílica de san Juan Bautista de Telde
(Fotografía del autor)

Es aquí donde la constancia documental se pierde y da paso a la tradición oral que se perpetúa generación a generación entre la feligresía de la hoy basílica de san Juan Bautista.

Entre 1799 y 1810, precisamente, “en el cuaderno de la Cofradía de la Piedad, del archivo parroquial de San Juan, se lee: “Por un Crucifixo nuevo, cruz de caoba, INRI de plata, que todo costó ciento diez pesos, que componen mil y cien reales de vellón antiguos, porque el que había, además de no tener figura, estaba todo deshaciéndose” (Hernández, 1958, p. 112).

Esta nueva imagen se ha identificado con la del Santo Cristo de la Sacristía que aún hoy procesiona la tarde del Viernes Santo por la zona fundacional de nuestra ciudad. Las fechas y su encargo como sustitución de otro en mal estado hace que podamos concluir que antes de terminar en la sacristía fungió como renovado Santo Cristo del Pilar o de Consolación en su altar propio. Sin embargo, aunque su otra advocación "de Consolación" pueda provenir de su inclusión en la cofradía, es extraño que ni el obispo Verdugo, ni la documentación estudiada, refiera que el citado Cristo perteneciera a alguna dado que la Cofradía de la Piedad fue establecida por el beneficiado Domingo Monagas y Sorita antes de 1752 y, además, no en la iglesia de san Juan Bautista sino en la del Hospital San Pedro Mártir (Hernández, 1958, pp. 220-221). 

De igual forma, otra tradición no confirmada que se mantiene en la feligresía teldense es que el la imagen original del Santo Cristo del Pilar, la que se deshacía y tenía aspecto monstruoso, fue recompuesta de la mejor manera como Cristo difundo dentro del magnífico sepulcro que a la parroquial fue regalado en los albores del siglo XIX por la masonería.

Esta imagen, fuera o no el Santo Cristo del Pilar, adolece todavía hoy de un estudio que certifique lo que a todas luces parece indicar una mirada detenida a la misma, a saber, que también es obra indiana modelada en papel y pasta de millo.


REFERENCIAS

AHPLP. Real Audiencia de Canarias. Procesos civiles, penales y sala de gobierno (1526-1990). Expediente núm. 1940 (1848-1850).

Clemente Fernández, J. I. et Bernal Estévez, A. (2020). “Dos crucificados novohispanos en Los Santos de Maimona: Cristo de la Misericordia (1550-1574) y Cristo de la Sangre (atribución s. XVI)” en Revista de Estudios Extremeños, vol. 72, núm. 2, pp. 577-590.

Hernández Benítez, P. (1940). El Santo Cristo del Altar Mayor de la parroquia de San Juan Bautista de Telde. Imprenta España.

Hernández Benítez, P. (1958). Telde, sus valores arqueológicos, históricos, artísticos y religiosos. Talleres tipográficos de imprenta Telde. Telde.