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| San Ignacio de Loyola, s. XVII - Basílica de San Juan Bautista (Telde) (Fotografía cedida por Daniel Ramírez Gil) |
La Compañía de Jesús, fundada por san Ignacio de Loyola, fue aprobada como institución religiosa por el papa Paulo III en 1540. Los jesuitas, como se denomina a sus miembros, pronto estuvieron misionando en las islas con el ánimo de abrir sus colegios en ellas.
En su testamento de 5 de septiembre de 1568, Juan Moreno, vecino de Telde, lega su libro de cuentas personal al P. Diego López de la Compañía de Jesús. En él tiene anotadas “algunas contrataciones con personas de la isla” y le da poder al mencionado jesuita “para que lo vea y diga lo que se hace” (AHPLP, pp. 58r.-63v.).
Esta familiaridad entre ambos es, sin duda alguna, fruto del buen hacer del jesuita que, junto a otros tres miembros de la Compañía de Jesús, habían llegado a las islas acompañando al nuevo obispo de su diócesis, Bartolomé Torres. Este, había conocido en su juventud a san Ignacio de Loyola quedando prendando de su carisma (Escribano, p. 9). Por eso, el 16 de octubre de 1566, el tercer general de la Compañía, san Francisco de Borja, le concede el permiso, tantas veces solicitado por el obispo, para poder acudir a su nueva diócesis acompañado de algunos jesuitas con el ánimo de que establezcan una fundación en ella. Así, obispo y jesuitas llegaron el 16 de mayo de 1567 a Tenerife y el 3 de junio a Gran Canaria. Sus nombres, los PP. Diego López y Lorenzo Gómez junto con los HH. Luis Ruis y Alonso Giménez (Escribano, p. 10).
Si bien años antes, en 1566, habían predicado en las islas algunos jesuitas que iban de camino a La Florida (Escribano, p. 8), se trató de la misión del P. Diego López, dado que el P. Lorenzo Gómez pronto falleció en Tenerife, la que más ardor por la Compañía produjo entre los canarios tal cual relatan las crónicas llenas de múltiples conversiones entre los isleños, asombrosos prodigios y acciones proféticas (Nieremberg, pp. 52-58).
Así, no nos debe extrañar la ascendencia que llegó a tener el misionero sobre el teldense Juan Moreno en poco más de un año ni, tampoco, sobre otro teldense, Marcos García del Castillo, que, aunque solo tenía seis años cuando abandonaron la isla los citados jesuitas en 1570, “desde muy niño sintióse inclinado a abrazar el estado eclesiástico y, hechos sus estudios previos, ingresa en la Compañía de Jesús, donde se distinguió por su talento y prudencia que le valieron el nombramiento de Rector en varios colegios de la Compañía; fue catedrático de Prima, Consultor y Calificador del Santo Oficio y, por último, Provincial de Castilla, en 1612” (Hernández, p. 240).
Efectivamente, esta misión se dio por terminada en 1570 al ser convocados por el General de la Compañía, san Francisco de Borja, para reunirse en Sevilla junto a otros jesuitas con los que partirán hacia el virreinato de Nueva España. Allá, también, desempeñará sus dotes misioneras con gran fama el mencionado P. Diego López (Nieremberg, pp. 59-62).
La fundación definitiva de los jesuitas en Gran Canaria se producirá en 1699, tras varias experiencias misioneras anteriores frustradas, con la apertura del Colegio de la Sagrada Familia en Vegueta. En ella establecerán su capilla, a la que se traslada solemnemente el Santísimo desde la Catedral el 10 de mayo de 1699. Será el germen de la actual iglesia de San Francisco de Borja de la que se puso su primera piedra el 25 de febrero de 1724 (Escribano, p. 23).
En esta capilla, como en la del Colegio jesuita de La Orotava, inaugurado ocho años antes, veneraban a su santo fundador con sendas imágenes dispuestas para el culto. Sin embargo, tiene la parroquial teldense el grato honor de ser la primera iglesia no jesuita de las islas, quizás de España, en dedicar no solo un altar, sino toda una capilla, al santo de Loyola.
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| Capilla de san Ignacio de Loyola en una fotografía de mitad del s. XX (FEDAC) |
El que fuera beneficiado de la misma entre 1682 y 1708, el teldense D. Francisco Yánez Ortega, ya había solicitado el 22 de febrero de 1696 al obispo Bernardo Vicuña y Zuazo poder construir una capilla “en la que colocar la imagen del glorioso patriarca san Ignacio de Loyola de la Compañía de Jesús”. Concedido el permiso, estuvo erigida en tres años, “trayéndose en procesión la imagen del patrono desde el hospital de San Pedro Mártir, con acompañamiento del Beneficio, clero y personas principales de la ciudad” (Hernández, p. 75). Como vemos, esta capilla se inauguró el mismo año que la del Colegio jesuita grancanario.
Dispuso, además, que la capilla contara con una sepultura de bóveda en la que fueron recibiendo sepultura sus familiares y, finalmente, él mismo. Pronto, el retablo original fue ampliado y enriquecido con la añadidura de grandes lienzos. Cuatro de Juan de Silva mostrando los principales santos jesuitas del momento (san Francisco de Borja, san Estanislao de Kotska, san Francisco Javier y san Luis Gonzaga). Otro, de Cristóbal Quintana, mostrando el abrazo de los santos fundadores de los dominicos y los franciscanos (santo Domingo de Guzmán y san Francisco de Asís).
Quién sabe si por ser este beneficiado tan amante de la Compañía de Jesús y en celestial recompensa por dotar a la iglesia de tan hermosa capilla, el Santo Cristo del Altar Mayor comenzó a aparecerse como una proyección sobre el exterior de la pared posterior del templo pero, a la par que crucificado, revestido de sacerdote. Casualmente, esta devoción de Cristo Crucificado Sacerdote era alentada por los jesuitas del momento. El historiador teldense, Tomás Marín de Cubas, nos relata que durante su segundo regreso de la península a la isla, a su paso por Cádiz, tuvo noticia de las apariciones al escuchar a “cierto Padre jesuita admirando el prodigio del Santo Crucifijo de Telde”. Al llegar a su ciudad natal, también el párroco, seguramente el beneficiado Yánez, le indicó cómo y dónde observar tal prodigio. Finalmente, aunque adolece Marín de Cubas de cierto falsarismo, se reconoce en su obra como testigo de las mismas (Marín, ff. 340-342).
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| "Cruz de las apariciones" que todavía hoy señala el lugar de las mismas (FEDAC) |
Este jesuita que refiere haber encontrado en Cádiz y que, sin duda alguna, había misionado en Telde, podría tratarse de uno de los que por entonces estaban tramitando la fundación del colegio capitalino en las casas de Vegueta que les había legado el canónigo e inquisidor de la diócesis, Andrés Romero Suárez Calderín. No podemos olvidar que, junto a estas casas, también les legó algunas otras en la zona de El Portichuelo de nuestra ciudad. En ellas fundarán los jesuitas una hacienda para su explotación y sustento de su Colegio, así como una casa de retiro y solaz para los miembros de la Compañía. Esta fundación jesuita en Telde, “El Cortijo de San Ignacio”, dejó de ser propiedad de la Iglesia tras la desamortización. En la actualidad, en manos privadas, es explotada como hotel rural, conservando, en gran medida, su estructura original entre cuyas estancias destaca su oratorio.
En el barrio teldense limítrofe, La Majadilla, fructificó la devoción al santo fundador de los jesuitas pues se fue conformando a partir de las cuarterías donde vivían los jornaleros que trabajaban las tierras del cortijo jesuita. Sigue celebrando el mencionado barrio sus fiestas en honor a san Ignacio y a la Inmaculada Concepción en su pequeño salón parroquial a la espera de poder finalizar las obras de su iglesia iniciadas hace décadas.
Damos un salto al siglo XX, corre ya el año 1955. El papa Pío XII ha convocado el XXXVI Congreso Eucarístico Internacional a celebrar e Río de Janeiro (Brasil), encomendando a los PP. Jesuitas su organización. A la par, les permite que una reliquia de su santo fundador, parte del cráneo, salga de Roma y los acompañe en su periplo hasta tierras americanas. Todo ello porque, además, desde el 31 de julio de 1955 y hasta el mismo día de 1956 ha decretado la celebración de un año jubilar por el IV Centenario de la muerte de san Ignacio de Loyola.
La noticia en la España del momento tiene honda resonancia dada la nacionalidad del santo, el carácter confesional de la dictadura y la especial devoción del dictador por las reliquias. De esta manera es como se entiende la siguiente publicación del Boletín Oficial del Estado de 23 de octubre de 1955.
"DECRETO de 21 de octubre de 1955 por el que se disponen los honores que se han de tributar a las reliquias de San Ignacio de Loyola, con motivo de la celebración del IV Centenario de su muerte.
La conmemoración del IV Centenario de la muerte de San Ignacio de Loyola que se celebra durante el presente año y hasta el treinta y uno de julio de mil novecientos cincuenta y seis, dará lugar a solemnes actos, organizados para honrar a uno de los más grandes Santos de la Iglesia y a una de las figuras señeras de la historia de España. El Cráneo de Ignacio de Loyola, reliquia insigne del Santo, recorrerá procesionalmente varias ciudades españolas, y habiendo dispuesto el Gobierno, por Decreto de veinticuatro de junio del corriente año, el carácter oficial del Centenario, quiere ahora asociarse al júbilo de las poblaciones que tengan el honor de recibir la preciada reliquia de quien siendo Capitán del Ejército español derramó su sangre en defensa de la unidad de la Patria; contribuir al mayor esplendor de los actos que se organicen y rendir el honor que merece el hombre y el Santo genial que supo proyectar su acción bienhechora a través de los tiempos y de las tierras del mundo.
En mérito de lo expuesto, y de acuerdo con el Consejo de Ministros,
DISPONGO
Artículo único: Se tributarán los honores militares máximos al sagrado Cráneo de San Ignacio de Loyola, en aquellas capitales en que se organicen actos para recibir y venerar tan preciada reliquia.
Así lo dispongo por el presente Decreto, dado en Madrid a veintiuno de octubre de mil novecientos cincuenta y cinco.
FRANCISCO FRANCO
El ministro Subsecretario de la Presidencia del Gobierno,
LUIS CARRERO BLANCO"
(BOE, núm. 296, 23/10/1955, pp. 4-5).
El paso de la reliquia ignaciana por nuestro país significó su escala tanto en Gran Canaria como en Tenerife. El párroco de san Juan Bautista, D. Pedro Hernández Benítez, no podía permitir que Telde, aunque no fuera capital de provincia, quedara al margen de tan insigne visita. Así, consiguió convencer a las autoridades religiosas y civiles para que la reliquia pernoctase en su parroquia a su llegada a la isla por el aeropuerto de Gando. Los motivos que adujo fueron la secular raigambre jesuita de la ciudad, sus hijos jesuitas y demás anecdotario recogido en este artículo.
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| Llegada de la reliquia de san Ignacio de Loyola al aeropuerto de Gando (FEDAC) |
El 17 de diciembre de 1955 llegó la reliquia al aeropuerto de Gando. Del mismo descendieron, tras el resto de pasajeros, el superior de la residencia del colegio capitalino de los jesuitas, P. Pablo Napal Escudero, portando el relicario con la sagrada reliquia. De esta manera fue recibido por las autoridades religiosas, militares y civiles allí congregadas al calor de lo dispuesto por el Jefe del Estado meses atrás.
De allí, fue trasladada a nuestra ciudad, entrando en procesión a la parroquia de san Juan tras recorrer la calle principal tapizada con alfombras de serrín y bajo la lluvia de pétalos que eran arrojados desde ventanas y balcones, todo ello dispuesto por la feligresía. La reliquia permaneció expuesta durante un día completo en el altar mayor antes de proseguir su ruta hacia la Catedral y, obviamente, también a la iglesia propiamente jesuita de san Francisco de Borja vecina.
Tras un periplo breve por otras iglesias del interior de la isla, dada la insistencia del obispo a la sazón, D. Antonio Pildain y Zapiain (vasco como san Ignacio), la reliquia partirá hacia Tenerife desde la Base Naval de Las Palmas en la corbeta “Descubierta”. Allí también fue recibida con los máximos honores tal cual podemos comprobar en el folleto publicado por la Acción Católica nivariense a los pocos días (Secretariado).
En la actualidad, la capilla de San Ignacio de Loyola ha trocado en capilla de Nuestra Señora del Carmen al desplazar esta imagen mariana a la del santo jesuita. Esta última ha pasado a venerarse en un lateral de la capilla de San José. El emplazamiento original de la Virgen del Carmen, probablemente de escuela genovesa, era el testero en el que hoy se encuentra la vitrina que custodia el tríptico flamenco de pincel.
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| "Segunda" imagen de san Ignacio de Loyola que permanece en su capilla (Fotografía del autor) |
Por respeto a la voluntad del fundador de la capilla, en ella enterrado, así como en desagravio por la usurpación, se decidió costear una pequeña imagen de san Ignacio, probablemente de pasta de madera y de escuela olotina, para que permaneciera en su capilla en una repisa a la derecha de la imagen mariana.
Si bien evita el posible agravio, no evita que la capilla y su magnífico retablo haya perdido su lectura iconográfica y devocional originaria, lectura que sería bueno se recuperara en una futura restauración integral del templo.
REFERENCIAS
AHPLP. Protocolos notariales. Escribano Pedro de Fernández de Chávez. Telde. 1568-1570.
Boletín Oficial del Estado, núm. 296, 23/10/1955.
Escribano Garrido, J. (1982). Los jesuitas en el desarrollo pastoral de la diócesis de Canarias entre 1566 y 1767. Lección inaugural del curso académico 1982-83. Publicaciones del Centro Teológico de Las Palmas. Imprenta Pérez Galdós. Las Palmas de Gran Canaria.
Marín de Cubas, T. ([1694] 1993). Historia de las siete islas de Canaria. Canarias Clásica. Santa Cruz de Tenerife.
Nieremberg, J. E. (1882). Hechos políticos y religiosos del que fué cuarto duque de Gandía, virey de Cataluña y después tercero General de la Compañía de Jesús, Bto. Francisco de Borja, vol. 2. Imprenta de la viuda e hijos de J. Subirana. Barcelona.
Secretariado diocesano de prensa, cine y radio de la Acción Católica (1956). La reliquia de San Ignacio de Loyola en Santa Cruz de Tenerife. Goya ediciones. Santa Cruz de Tenerife.






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