30 noviembre 2025

LA TELDE DEL BANDO EQUIVOCADO

Cruz de los Caídos de Telde, c. 1955-1958 (FEDAC)

Con el inicio del nuevo milenio se decidió desmontar y hacer desaparecer la Cruz de los Caídos que, junto con su altar y pequeña escalinata, permanecía desde mediados de la década de los cincuenta del s. XX anexa al exterior de la sacristía de la capilla de san Ignacio de Loyola de la iglesia de san Juan Bautista.

Es cierto que su demolición no se aprobó al calor de ninguna ley de memoria histórica (la primera en nuestro país será aprobada en 2007). De hecho, tal decisión no supuso ningún resquemor en la ciudad, ni reavivó encono ideológico alguno entre sus habitantes como se ha vivido en tiempos más recientes con otras instalaciones de tal tipo. Su retirada fue bien recibida, simple y llanamente, por entenderse como una obra necesaria y urgente dado que su ubicación había generado serias humedades en la basílica. No en vano, durante casi cinco décadas, las aguas pluviales se habían venido filtrando entre el monumento y la pared de la parroquial teldense.

El monumento fue diseñado por José Arencibia Gil que, a la sazón, ya trabaja como docente en el Instituto Laboral de Telde, que hoy lleva su nombre, desde el año 1954. Poco antes, había regresado de su forzado exilio, primero en Brasil y luego en Venezuela, países a los que huyó en 1948 al entender que podría volver a la cárcel ante la reactivación por el régimen franquista de la represión de la masonería y el comunismo. 

Posible fotografía de la inaguración del monumento, c. 1955-1958 (FEDAC)

Sí, es la otra gran anécdota de este episodio de nuestra historia, este monumento que, en principio, ensalzaba a los teldenses que dieron su vida por España (por la golpista), fue diseñado por el que, sin embargo, luchó durante la contienda por la legalidad democrática establecida por la II República. Sí, la Cruz de los Caídos de Telde fue diseñada por alguien que, quizás, cosas de la historia, fue uno de los que hizo "caer" a alguno de los teldenses con ella homenajeados.

En la fotografía se observa a José Arencibia justo al pie de la cruz, con corbata negra y chaqueta clara, flanqueado por las autoridades teldenses y por destacados falangistas, señoras de la sección femenina y vecinos, entre los cuales, la siempre curiosa chiquillería. Nunca sabremos lo que pensaba mientras el fotógrafo inmortalizaba junto con tal momento su anexión ficticia al régimen (por mera supervivencia) o, quizás, su anexión sincera tras cambiar de opinión, lo que puede explicar su meteórica y exitosa carrera posterior durante la dictadura.

No obstante, quizás fue su honda fe religiosa, que tan admirablemente dejó plasmada en su obra mural por varias de las iglesias grancanarias, lo que le llevó a erigir el monumento sin resquemor alguno y sin más intención que la conciliadora. Al fin y al cabo, parece pensar, "caídos" fueron los de ambos bandos y en la guerra jamás hay vencedores, sino solo vencidos. Así, la Cruz de los Caídos teldense no tuvo jamás placa alguna que recordara, específicamente, ni acontecimiento, ni miembro de ningún bando, quién sabe si para así recordar a los de ambos, aunque las instituciones del Movimiento Nacional se dedicaran por esos mismos días a clarificar, sin ningún género de dudas, quiénes fueron estos "caídos".


No se puede juzgar el pasado desde el presente. No sabemos si los teldenses que lucharon en el bando golpista lo hicieron por propia voluntad u obligados por las circunstancias, como tampoco lo sabremos jamás de los teldenses del bando republicano que dieron su vida por la legalidad democrática vigente. 

Arencibia Gil, con su acierto de obviar cualquier fecha y nombres en aquel monumento que muchos conocimos, nos recuerda que desde ambos bandos, uno con razón, otro en la sin razón, se cometieron atrocidades que no deberían volver a repetirse jamás en la Historia, ni ser recordadas para generar división, sino reparación, justicia, perdón, concordia y paz.


REFERENCIAS

AHPLP. Instituciones del Movimiento Nacional. Delegación provincial de excombatientes. Relación nominal de caídos. 1937-1958.

Jiménez Martel, G. (2018). Guerra Civil, José Arencibia Gil y otros artistas canarios. Mercurio. Madrid.

09 noviembre 2025

TELDE, CIUDAD DEL MOLINO

Fotografía familiar en el molino de Domingo Peña Ramírez
en el barrio de La Majadilla en 1913 (FEDAC)

La inclusión de los cereales y sus derivados en nuestra dieta conllevó la progresiva creación y perfeccionamiento de instrumentos para su molienda y refinado. En este sentido, la población aborigen de lo que hoy es nuestra ciudad supo del tallado y uso manual de molinos pétreos, bien circulares, bien tipo barca. Prueba de ellos son los numerosos ejemplares encontrados en los yacimientos de Tara, Cendro, etc. 

Con la llegada de los repobladores europeos tras la conquista realenga de la isla, no solo se fueron erigiendo molinos en los ingenios azucareros (trapiches) y alguno que otro para la escasa producción de aceite en las islas (almazaras), sino también, sobre todo, los denominados molinos "de pan moler". Estos eran los destinados a la molienda del cereal con el que obtener la harina, ingrediente principal del pan, base de la dieta del momento junto al aceite y al vino. 

La técnica experta de los repobladores fue relegando a la aborigen con la implementación de molinos con mayor capacidad de producción y de tracción animal (molinos de sangre), hidráulica (molinos de agua) o eólica (molinos de viento), hasta la aplicación contemporánea del motor eléctrico.

Las piezas fundamentales en todos ellos, las piedras entre las que molturar el grano, también supusieron el trabajo de los canteros que las labraban directamente de la piedra que consideraban apropiada y que, generalmente, eran buscadas en los márgenes del cauce de los barrancos donde, por la erosión propia de las avenidas de agua, afloraba el duro basalto de las profundidades de la isla. 

No quedaba al margen de esta actividad económica nuestra ciudad según se desprende de una carta de donación de 2 de julio de 1568. En ella, el capellán perpetuo de la iglesia de san Juan, Sebastián Ramos, dona a Baltasar de Escobar, también vecino de Telde, junto a otras propiedades "unas tierras que tiene en el dicho término [Telde], en las que habrá 34 fanegadas de sembradura, de los cuales veinte y tres son de parral, que lindan con el camino viejo de que va a Gando por arriba, con tierras que fueron de Catalina, su sobrina; por un lado con tierra de Juana Ramos, sobrina, y del otro el barranquilllo que viene de arriba, donde solían sacar las piedras de los molinos" (AHPLP, Fdez., ff. 4v.-6v.).

Teniendo en cuenta la imprecisión de los lindes pero siguiendo la referencia del camino viejo a Gando y el apellido del agraciado por la donación referida, podemos situar estas tierras en lo que sigue siendo la Finca de Salinetas, extensa propiedad de la familia Martínez de Escobar en su origen (FEDAC, f. 09754), descendientes, quizás, del mencionado Baltasar de Escobar. Así, "el barranquillo que viene de arriba" podría ser tanto el de Sacateclas, al sur de la explotación, como el del Negro, al norte. Este último también es conocido cauce arriba, precisamente, como de la Piedra del Molino, transcurriendo por el barrio de La Viña, topónimo que también pudo encontrar su origen en las veintitrés fanegadas de parral mencionadas. 

Con la esperanza de que no se haya quedado ninguno relegado al olvido en esta labor de clasificación, a continuación refiero los molinos que funcionaron en nuestra ciudad desde el siglo XVI, uno de los cuales pervive hasta la actualidad en su producción y servicio al público


26 octubre 2025

CON PIEDAD Y MISERICORDIA

El Barranco de los Ríos de Telde "corriendo" bajo el acueducto de Las Longueras
en torno los años cincuenta del siglo XX (FEDAC)

Así, como reza el título, pedían nuestros mayores que lloviera sabedores de la necesidad siempre acuciante del agua para el riego de sus cercados pero, también, temerosos de que la combinación de lluvias torrenciales y vientos tempestuosos trocarían tal beneficio en desgracia.

Hace ya 146 años, la isla sufrió un gran temporal de fuertes tormentas con gran aparato eléctrico que afectaron, no solo a los cultivos, sino también a infraestructuras como carreteras y puentes. Entre otras, quedó impracticable la carretera de nuestra ciudad a la capital de la isla (https://teldehistoria.blogspot.com/2024/11/de-telde-las-palmas-historia-de-una.html) que había sido inaugurada trece años antes. No en vano, Telde fue una de las comarcas más perjudicadas por el aluvión según nos descubren las fuentes.

El temporal que asoló las islas en la última semana del mes de octubre de 1879 no estuvo acompañado por fuertes vientos pero, sin embargo, las grandes riadas y avenidas de agua por los barrancos que provocó cegaron la vida de cuatro niñas en Santa Brígida, más allá de las pérdidas económicas y miseria de las familias que se vieron sin el sustento de sus cultivos arrasados, cultivos como los de la cochinilla o grana para la pujante industria tintorera y textil.

Tras un estudio de diversas fuentes periodísticas de la época, podemos observar que todas reseñan lo acontecido a partir de la reseña escrita remitida por igual a todos por parte del corresponsal isleño. A partir de la misma, cada periódico, según su línea ideológica, suprimía o añadía parte de la noticia. De esta manera, llama la atención que solo uno de ellos haga referencia a las víctimas mortales, prefiriendo el resto centrarse en la debacle económica que significaría para la economía isleña del momento.

“Las Palmas (Canarias) 22.
Desgarrador es el cuadro que presenta la isla con motivo de las terribles lluvias que, cual asoladora plaga, se nos han venido encima. Por toras partes desolación, lamentos, ruinas irreparables.
No es solo en Telde donde ha causado daños de inmensa consideración; también Tafira, Tamaraceite, Tenoya; Arucas, Guía, Gáldar, Agaete y Las Palmas han tenido su parte, y no pequeña, de incalculables desastres.
Casi todas las fincas situadas en las vertientes de montañas y en el cauce de los barrancos han desaparecido o quedado inservibles por largo tiempo.
Propiedades, en general destruidas, frutos perdidos, plantaciones arrasadas, árboles tronchados y arrastrados luego al mar por el ímpetu de las aguas en desbordados torrentes que se precipitaban por las vertientes de los montes.
Toda la cochinilla que las primeras aguas habían dejado desprendida sobre los nopales, han venido las últimas a arrebatarlas, y con ella el alimento de centenares de familias. En Telde, Arucas, Guía y Gáldar no ha quedado ninguna grana.
La carretera de Telde, rota y hundida en varios sitios, la de Tafira en su parte inmediata a esta ciudad con un puente destrozado; la de Arucas con otro en Tamaraceite, que se ha venido al suelo.
En la vega, según se nos informa, cuatro niñas que se acogieron al resguardo de una montaña cuando empezó allí el temporal, fueron arrastradas por las aguas, y perecieron; el lunes por la noche se desplomaron dos casas en el risco de San Lorenzo, de esta ciudad.
Las pérdidas son de todo punto incalculables hasta que se reciban datos fijos y se sepa la suerte que ha cabido a los demás pueblos de la isla, de los cuales aún no se ha tenido conocimiento, pero se pueden evaluar por el pronto en unos cuatrocientos mil duros”. “Gaceta universal”, 30/10/1879, p. 3.


“Hoy recibimos el correo de Canarias y por él vemos que también allí se han sentido desgracias por fuertes aguaceros. He aquí lo que dicen los periódicos de Las Palmas:
“De grandísima consideración son los daños causados por las lluvias en estos últimos días. Telde, Arucas, Tenoya, Tafira y Las Palmas son los pueblos que más han sufrido. Las pérdidas en la cosecha de cochinilla son inmensas. Ha habido muchos cultivadores que han visto perecer, en absoluto, el producto de su trabajo y los capitales invertidos, sin que les quede esperanza de reponerse de tantas pérdidas.
En Telde y los pagos de Jinámar y Marzagán ha habido también desperfectos de gran valor en las fincas.
La carretara de esta ciudad a Telde quedó interrumpida para el tránsito de carruajes por las grandes avenidas de las montañas inmediatas y por haberse hundido algunos trozos. Hace tres días trabaja con empeño una cuadrilla de unos cien hombres para dejar el paso expedito.
El barranco de esta ciudad acaba de llegar al mar trayendo una masa de agua imponente, y arrastrando en su corriente plantones de nopales, árboles y arbustos.
Que Dios tenga compasión de todos”. “Los debates”, 30/10/1879, p. 1.


“En Canarias han caído también lluvias torrenciales.
“De grandísima consideración, dice el Diario de Las Palmas, son los daños causados por las lluvias en estos últimos días. Telde, Arucas, Tenoya, Tafira y Las Palmas son los pueblos que más han sufrido. Las pérdidas en la cosecha de conchinilla son inmensas. Ha habido muchos cultivadores que han visto desaparecer casi en absoluto el producto de su trabajo y los capitales invertidos, sin que les quede esperanza de reponerse de tantas pérdidas.
En Telde y los pagos de Jinámar y Marzagán ha habido también numerosos desperfectos de gran valor en las fincas, paredes derribadas, cercados arrastrados a los barrancos, terrenos plantados de nopales enterrados bajo los escombros, por donde quiera que se tiende la vista no se ve más que destrozos, que sumirán en la miseria a muchas familias”. “El siglo futuro”, 30/10/1879, p. 3.


“Las noticias de Canarias que nos traen los periódicos de aquellas islas son también lamentables.
“De grandísima consideración, dicen, son los daños causados por las lluvias en estos últimos días. Telde, Arucas, Tenoya, Tafira y Las Palmas son los pueblos que más han sufrido. Las pérdidas en la cosecha de cochinilla son inmensas. Ha habido muchos cultivadores que han visto desaparecer, casi absolutamente, el producto de su trabajo y los capitales invertidos, sin que les quede esperanza de reponerse de tantas pérdidas.
En Telde y los pagos de Jinámar y Marzagán ha habido también desperfectos de gran valor en las fincas; paredes derribadas, cercados arrastrados a los barrancos, terrenos plantados de nopales enterrados bajo escombros, por donde que se tienda la vista no se ve más que destrozos, que sumirán en la miseria a muchas familias.
Y a pesar de todo tendemos que dar gracias a la Providencia porque aquellas lluvias torrenciales no han venido acompañada de vientos, en cuyo caso tendríamos que lamentar destrozos aún mayores.
La carretera de esta ciudad a Telde quedó interrumpida para el tránsito de carruajes, por las grandes avenidas de las montañas inmediatas, y por haberse hundido algunos trozos. Hace tres días trabaja con empeño una cuadrilla de cien hombres para dejar el paso expedito.
En los momentos de escribir estas líneas el tiempo está fijo al Sur, encapotado, se sienten fuertes y continuas truenos y los chubascos se suceden sin interrupción.
No tenemos noticias de los demás pueblos de la isla.
El barranco de esta ciudad acaba de llegar al mar trayendo una masa de agua imponente, y arrastrando en su corriente plantones de nopales, árboles y arbustos.
Que Dios tenga compasión de todos”. “El tiempo”, 30/10/1879, p. 2.


La misma crónica, con similar redacción, podemos encontrarla en “La correspondencia de España”, 31/10/1879, p. 3; “El diario español”, 31/10/1879, p. 1; “La época”, 31/10/1879, p. 2 y “La política”, 31/10/1879, p. 2. No en vano, tal impronta negativa causó en la economía canaria que todavía en diciembre del mismo año el Ministerio de Fomento de la España de Alfonso XII calculaba los daños y el envío de ayudas (“Gaceta agrícola del Ministerio de Fomento”, 10/12/1879, pp. 355-356).

Como anécdota, no sabemos en qué estado quedaron las múltiples y amplias posesiones que el quinto marqués del Buen Suceso (https://teldehistoria.blogspot.com/2025/09/telde-en-el-marquesado-del-buen-suceso.html), don Fernando de la Rocha y de la Fontecilla (Rumeu, p. 302), se había preocupado de identificar e inventariar el 29 de marzo de 1879 "en la Cumbre y Breña de Cazadores de la jurisdicción de Telde" (AHPLP), curiosamente, tan solo cinco meses antes de la catástrofe reseñada. 


REFERENCIAS

AHPLP. Archivos privados. Familiares y personales. Sall Tascón. Administración de bienes. Inventario de bienes y propiedades (1877-1895). Signatura: FST-005/47.

"El diario español" 31/10/1879.

“El siglo futuro”, 30/10/1879.

“El tiempo”, 30/10/1879.

"Gaceta agrícola del Ministerio de Fomento", 10/12/1879.

“Gaceta universal”, 30/10/1879.

“La correspondencia de España”, 31/10/1879.

"La época", 31/10/1879.

"La política", 31/10/1879.

“Los debates”, 30/10/1879.

Rumeu de Armas, A. (1983). "El marqués del Buen Suceso (1712-1783)" en Anuario de estudios atlánticos, núm. 29, pp. 233-302.

27 septiembre 2025

DEL ORIGEN DE LA ERMITA DE NUESTRA SEÑORA DE LA ANTIGUA


"El Calvarito" (Fotografía del autor, 17/04/2023)

Los repobladores europeos que llegaron al lugar que hoy ocupan los barrios de San Juan, San Francisco y San Gregorio decidieron honrar con la erección de capillas, ermitas e iglesias a diversas advocaciones de su devoción, bien por ser las de su lugar de procedencia, bien por su poder taumatúrgico y protector ante las epidemias, las malas cosechas, etc. Así, mientras se roturaban las primeras tierras para el cultivo, se construían las primeras casas e iban quedando trazadas sus calles y callejuelas, también fueron erigidas pequeñas casas a modo de humildes capillas.

En ellas se entronizaba la imagen pictórica o escultórica que daba título a la misma con la esperanza de que, más tarde o más temprano, sus capillas fueran transformadas en auténticas ermitas e iglesias capaces de acoger el culto (celebración de misas, enterramientos, etc.). Esta transformación podía realizarse, bien mediante la ampliación de las mismas, bien con su construcción de nueva planta en otro emplazamiento, generalmente en sus cercanías. 

Estas capillas o “casillas”, que refieren las fuentes, como las de Santa Lucía y la de Ntra. Sra. de Guadalupe (https://teldehistoria.blogspot.com/2025/01/la-ermita-de-santa-lucia-de-telde.html), tuvieron un origen popular frente a otras ermitas, como las de san José en Las Longueras y la de san Gregorio Obispo, que surgieron auspiciadas por los terratenientes más destacados que se avecindaron en Telde en medio de sus propiedades. También, de esta última manera, se propició la construcción de la parroquial de san Juan Bautista. Por lo tanto, dado su origen popular, muchas no llegaron a ser auténticas ermitas dada la dependencia de aquellos donativos y legados que pudieran pagar sus obras y sostenimiento. Es el caso de la casilla de Nuestra Señora de Guadalupe (AHPLP.2, ff. 85r.-89r.) que, por su ubicación en las cercanías de la que terminará siendo la Casa Condal, bien pudo ser la causante del añadido al mencionado título del condado "de la Vega Grande", a saber, de la Vega Grande "de Guadalupe".

En la elevación orográfica que se encuadra entre los cauces del Barranco Real y de La Fuente de la ciudad, el altozano que referirá una de las calles del naciente barrio, se decidió construir una de estas casillas en honor de Nuestra Señora de la Antigua. Esta es una advocación mariana de gran raigambre en Sevilla desde que su imagen, una pintura mural, se descubriera durante las obras de construcción de la catedral hispalense, supuestamente, sobre un muro de la antigua mezquita que fue cristianizada tras la conquista. 

El arraigo de esta advocación en la isla, en nuestra ciudad, se debe a la procedencia sevillana de muchos de los repobladores, así como a la dependencia de la diócesis canaria de la hispalense. De hecho, la catedral de Canarias también le dedicó una de sus capillas. Esta fue construida entre 1517 y 1526 (Cazorla, pp. 52-53), siendo reubicada dentro de la ampliación de la misma a partir de “la vieja iglesia” en 1573 (Cazorla, p. 64). Finalmente, en 1816 su primitiva imagen de candelero fue retirada del culto al ser sustituida por otra de talla completa del imaginero Luján Pérez.

Primitiva imagen de Ntra. Sra. de la Antigua - S. I. C. B. de Canarias
(Fotografía del autor, 27/09/2025)

La misma devoción mariana prendió en nuestra ciudad a la par que en la catedral dado que desde 1522 se habla en los testamentos que obran en el archivo parroquial de san Juan Bautista de la ermita de santa María de la Antigua teldense (Hernández, p. 173). Posteriormente, en su testamento de 14 de enero de 1539, Cristóbal García del Castillo lega media dobla de oro a dicha ermita (Chil, p. 484), como también lo hace otro teldense (nombre ilegible), en su testamento de 13 de enero de 1541 al dejar algunas limosnas “al hospital de Telde, a la capilla de la Antigua, a los monasterios de santo Domingo y san Francisco, algo a la iglesia y fábrica de san Juan de Telde” (AHPLP.1, f. 2v.).

En medio de la incipiente urbanización de la ciudad, me atrevo a aventurar que estos testamentos aún se refieren a una de las citadas pequeñas capillas o casillas en su aspiración a ser auténticas ermitas e iglesias. Esta, con total seguridad, no es otra que la que hoy conocemos como “El Calvarito” en la misma plaza de San Francisco como se desprende de una carta de dote realizada el 6 de septiembre de 1568 por el matrimonio formado por Gonzalo Díaz y Catalina Hernández. En ella prometen en dote a su hija unas casas que lindan con la “casa de Nuestra Señora de la Antigua, casas de Isabel Jara y, por delante, con la calle real que baja do la calle nueva y, por un lado, con la calle que va a la iglesia de la Antigua" (AHPLP.2, ff. 67r.-68r.).

Como vemos, hay un “casa de” y una “iglesia de”. Esta casa, la primitiva y humilde capilla, sería la que acogió la pequeña imagen de Ntra. Sra. de la Antigua teldense mientras se terminaba de erigir su iglesia. Terminada la misma, la capilla o casilla original, en este caso no integrada en la construcción final, pasó a tener otra función como parte de la fábrica de la misma. En el caso que nos ocupa, pasó a ser un Calvario, seguramente, como decimosegunda estación del Via Crucis que los franciscanos implementarán por las calles del barrio.

“Frente a la iglesia se ve una antigua capilla con cubierta de tea a cuatro aguas a la que el pueblo llama “El Calvarito”, si bien no hay memoria sino de la existencia en la misma de una imagen de Cristo Crucificado, probablemente antes acompañado de san Juan Evangelista y la Virgen de los Dolores. Debió tener este Cristo mucha devoción, sobre todo entre los caminantes que atravesaban este barrio subiendo por el camino de Santa María en dirección a los pueblos del sur de la isla, todavía puede verse una ranura abierta en la cantería azul que da a la plaza por donde los viajeros introducían sus limosnas que luego pasaban a una caja de tea, recordándonos por su forma el “gazofilacio” del templo de Jerusalén en los días de Jesús” (Hernández, pp. 175-176).

Probablemente, la imagen que presidió tal capilla es la que aún hoy puede contemplarse en la pequeña hornacina que se abre en el altillo del retablo pétreo de santo Domingo de Guzmán en la iglesia de san Francisco. Una imagen de candelero, de madera, telas y arcilla, de la que se contaba una leyenda sobre su aparición en una de las cuevas de la costa teldense, en la zona de El Castellano, desde donde fue llevada al convento franciscano teldense (Hernández, p. 175). Quizás pueda conjugarse la leyenda con la realidad pues bien pudo ser esta imagen una de las que tuvieron que abandonar los franciscanos misioneros en la costa teldense (https://teldehistoria.blogspot.com/2025/07/de-cuando-san-diego-estuvo-en-melenara.html), siendo encontrada, posteriormente, por los repobladores de Telde que pudieron entronizarla en la casilla o capillita del naciente barrio de Santa María a donde, cosas de la historia, "retornarán" los franciscanos en 1610. 

Ntra. Sra. de la Antigua - Telde
(Diócesis de Canarias, p. 182)

Ntra. Sra. de la Antigua - Telde
Fotografía anterior a su restauración 
(Hernández, p. 204)

No obstante lo anterior, la procedencia de la imagen pudo tener un origen más corriente pues, naturalmente, el comercio de imágenes para la devoción particular entre la naciente población teldense queda atestiguado en diversas fuentes, entre otras, un reconocimiento de deuda de 9 de noviembre de 1535. En él, el mercader teldense Francisco de Deza reconoce deber a Melchor Núñez, también mercader, diferentes cantidades, por ejemplo, "14 reales por la hechura de una imagen de Nuestra Señora y de un Jesús" (AHPLP.3, ff. 168-169). Teniendo en cuenta que comparte apellido y, quizás, parentesco con el arzobispo de Sevilla, Diego de Deza (+1523), es natural que la imaginación vuele pensando que esta imagen de 14 reales es la Virgen de la Antigua teldense cuyo precio aún no había satisfecho.

El momento en que se terminó de construir la ermita podemos situarlo en torno a 1569. El mejor indicador de ello es que ya se puede celebrar la misa en ella. Así se desprende de un codicilo de 10 de agosto de 1569 sobre su testamento del pasado 30 de julio, en el que Hernández de Rosiana establece un aniversario cantado perpetuamente en la iglesia de Nuestra Señora de la Antigua en el día de la Natividad de Nuestra Señora en septiembre o en su octavario (AHPLP.2, ff. 283v.-284v.). También, por otro lado, del testamento de Juan Márquez de 21 de septiembre de 1569 en el que solicita que se digan dos misas por su alma en la iglesia de Nuestra Señora de Antigua (AHPLP.2, ff. 300v.-302v.).

Con anterioridad a esta fecha, tenemos datos que nos dan idea de cómo fue construyéndose y de qué manera se financió su obra. Así, en su testamento de 8 de agosto de 1568, el sacerdote Sebastián Ramos lega seis reales “para la obra de Nuestra Señora de la Antigua de Telde” (AHPLP.2, ff. 37r-44v.). De igual manera, en su testamento de 9 de agosto de 1568, Leonor Ortiz, mujer de Leste, “dona a la obra de Nuestra Señora de Antigua de Telde un real de plata de sus bienes” (AHPLP.2, ff. 47r.-48v.).

Por otro lado, sabemos que los carpinteros Gregorio Simón y Gaspar de Cerrada, mediante concierto de 3 de mayo de 1563, se comprometieron a terminar para el día de Santiago la obra de carpintería de la capilla “que se ha de hacer” en la iglesia de Nuestra Señora de la Antigua de la que es mayordomo Juan Tello. Además, como curiosidad, el artesonado que la ha de cubrir debía ser como el de la capilla de María Fernandez Calva de san Juan Bautista, la de san José en la actualidad (AHPLP.4, f. 146 v.).

No queda claro si el regidor Juan Tello fue mayordomo de esta futura capilla o de la iglesia entera pero, con total seguridad, fue uno de sus grandes financiadores dada su condición de gran hacendado. No en vano, acumuló tal número de propiedades que su nombre quedó plasmado en la propia toponimia, por ejemplo, en la Montaña de Juan Tello o los Cercados de Juan Tello (Hernández, p. 340).

Finalizada la ermita, en lo que a poder mantener el culto litúrgico en ella se refiere, no cesará su dotación y mejora por parte de nuevos benefactores. En su testamento de 10 de junio de 1570, Francisca Ramos, viuda de Fernán Gómez, lega un real a la misma y manda que se paguen los 15 reales que le debía su marido. También, dispone que se haga una capilla a san Antonio en dicha iglesia, ya que su marido así lo dispuso antes de morir, con las 120 doblas que destinó para ello de sus bienes. Una vez hecha la capilla, además, quiere que se dé de sus bienes veinte doblas para comprar ornamentos para poner decir misa (AHPLP.2, ff. 340r.-348r.).

A colación de la celebración de la eucaristía en ella, de cara a la comodidad de fieles y sacerdotes, sabemos que el 1 de noviembre de 1577, se vuelve a contratar al carpintero Gaspar de Cerrada para realizar cuatro escaños (bancos) para la iglesia (AHPLP.5, f. 387v.).

Por otro lado, será Torriani quien, posteriormente, nos legue una idea de la localización y entidad de la ermita de Ntra. Sra. de la Antigua teldense en la última década del siglo XVI. En el plano de la ciudad que levanta en 1590 de la ciudad, esta ocupa el lugar más elevado del altozano del barrio de Santa María, está compuesta de una sola nave y rodeada de casas que, en veinte años, serán donadas y derruidas/integradas en la conformación del cenobio franciscano y sus huertas.

Infografía del autor a partir de pormenor del plano de Torriani 

Desde entonces, 1610, la historia de la ermita de Santa María de la Antigua tendrá nuevos y variados capítulos. Como convento franciscano de la Madre de Dios de la Antigua será dotada con una nueva nave, retablos pétreos de inspiración colonial y varias capillas claustrales como la de las Llagas de san Francisco o la de san Francisco de Paula (Suárez, pp. 285-287). Finalmente, tras la exclaustración, como la iglesia del barrio de San Francisco que conocemos actualmente y que fue perdiendo progresivamente el culto que en ella se mantenía hasta la actualidad.

Sirva este pequeño artículo como acción de gracias a los arriba citados y otros que, al promover su fundación, nos la legaron como bien histórico patrimonial.


REFERENCIAS

AHPLP.1. Protocolos notariales. Escribano Hernán de Gutiérrez. Telde. 1541.

AHPLP.2. Protocolos Notariales. Escribano Pedro Fernández de Chávez. Telde. 1568-1570.

AHPLP.3. Protocolos Notariales. Escribano Hernando de Padilla. Las Palmas de Gran Canarias. 1535.

AHPLP.4. Protocolos Notariales. Escribano Juan de Vega. Telde. 1557-1563.

AHPLP.5. Protocolos Notariales. Escribano Juan de Vega. Telde. 1577.

Cazorla León, S. (1992). Historia de la Catedral de Canarias. Real Sociedad Económica de Amigos del País. Las Palmas de Gran Canaria.

Chil y Naranjo, G. (1891). Estudios históricos, climatológicos y patológicos de las Islas Canarias. Vol. 3. Imprenta La Atlántida. Las Palmas de Gran Canaria.

Diócesis de Canarias (org). (2004). La Huella y la Senda. Islas Canarias en https://restauracionlapalma.com/wp-content/publicaciones/lahuellaylasenda.pdf [consultado el 26/09/2025].

Hernández Benítez, P. (1958). Telde, sus valores arqueológicos, históricos, artísticos y religiosos. Talleres tipográficos de imprenta Telde. Telde en https://mdc.ulpgc.es/s/mdcte/item/259809 [consultado el 24/09/2025]. 

Suárez Quevedo, D. (1992). "El convento franciscano de Telde (Gran Canaria). Datos para la historia de una institución desaparecida" en Revista de Historia Canaria, núm. 176, pp. 277-314. 

Torriani, L. (1959 [1590]). Descripción e historia del reino de las islas Canarias antes Afortunadas con el parecer de sus fortificaciones. Traducción del Italiano, con Introducción y Notas, por Alejandro Cioranescu. Goya Ediciones. Santa Cruz de Tenerife.

11 septiembre 2025

TELDE EN EL MARQUESADO DEL BUEN SUCESO

Blasón del Marquesado del Buen Suceso (Rumeu, p. 296)

Encuadrada su vida en el siglo XVIII, el grancanario Bartolomé Hernández Naranjo hizo carrera como militar de prestigio una vez que se trasladó a Venezuela. Allí consiguió amasar una gran fortuna de la que haría muy buen uso en cuanto a inversiones y cambio de status social. 

De Venezuela regresó en 1775 para, al poco tiempo, establecerse entre Cádiz y Madrid por mor de la concesión del título nobiliario que se propuso conseguir a toda costa del monarca Carlos III. Para cuando regresó definitivamente a Gran Canaria en julio de 1783, lo hacía como I marqués del Buen Suceso desde 1781 pero, también, gravemente enfermo por una apoplejía sufrida y, además, totalmente ciego a causa del glaucoma. De hecho, fallecerá en noviembre de ese mismo año, disponiendo ser enterrado en la iglesia de la Vera Cruz de los agustinos en Las Palmas, en el sepulcro de sus padres, en la misma calle de Vegueta en la que había nacido el 25 de octubre de 1712. 

Como herederos instituyó a su esposa e hijo, Juan Domingo Hernández Naranjo y de Monasterios, quien ostentará el marquesado en segundo lugar ya desde Jerez de la Frontera, ciudad natal de su esposa, desarraigo de las islas que ya mantendrán sus sucesores para siempre (Rumeu, pp. 299-302).

Bien mientras residía en Caracas, bien personalmente en la isla o por medio de su hermano sacerdote, Domingo José Naranjo Nieto, que había hecho carrera en México y regresado a la isla como su apoderado, comenzó a adquirir innumerables propiedades en diversas partes de la isla. Obviamente, destacó la adquisición de la Hacienda del Buen Suceso, desgajada del mayorazgo de Arucas y que dará título a su marquesado pero, por otro lado, no menos importantes y cuantiosas fueron sus posesiones en nuestra ciudad. El 5 de agosto de 1773, desde Caracas y ante el escribano Juan Domingo Fernández, compró una finca en la Hoya de Juan Gallegos (Jinámar). El 21 de septiembre de 1775, en Las Palmas y ante el escribano Antonio Miguel del Castillo, permutó tierras en el Valle de Casares por otras situadas en La Betancora (Rumeu, p. 292).

"Hay que suponer que otros diversos bienes raíces adquirió nuestro biografiado en la isla nativa, en provechosas inversiones durante la etapa caraqueña de su existencia, pero por desgracia no ha quedado constancia de ello” (Rumeu, pp. 287-288). No obstante, gracias a un inventario de 29 de marzo de 1879, mandado a realizar por el V marqués del Buen Suceso y IV conde de los Andes, don Fernando de la Rocha y de la Fontecilla, sabemos de veintisiete amplias posesiones en la zona cumbrera de nuestro municipio. Suman un total de 400 fanegas, 10 celemines y 1 braza de la época, es decir, más de dos millones de metros cuadrados aproximadamente. 

Estas posesiones debieron ser adquiridas por el I marqués, bien durante su estancia en Caracas, bien durante su estancia en la isla o mediante su hermano apoderado, dado el citado desarraigo de sus descendientes y sucesores en el marquesado.

Un resumen del inventario que nos ocupa (AHPLP), nos aporta la siguiente información: 

Propiedades del marquesado en La Breña:
  • 2 fanegas de tierras y arrifes en Las Cuevas de Cubas.
  • 4 celemines de arrifes en el mismo lugar.
  • 5 fanegas de arrifes y riscos en La Hoya del Escribano.
  • 5 fanegas de tierras y arrifes en El Altabacal, al pie de El Risco del Escribano.
  • 1 fanega de tierra y arrifes inmediata a la anterior.
  • 1 fanega de arrifes y riscos en Los Morros de la Mesa.
  • 9 celemines de tierra y arrifes en La Cuevecilla.
  • 24 brazas de tierra en La Solana de la Breña con doce horas de reloj de agua del estanque de La Breña (su dula cada treinta días).
  • 1 cuartillo y 20 brazas en el mismo punto que llaman La Huerta de Arriba con un día de agua (su dula cada treinta días).
  • 10 celemines y 2 brazas de tierra en La Hoya de la Breña.
  • 8 celemines, 2 cuartillos y 20 brazas de tierra y arrifes en La Bicacarera.
  • 7 celemines, 2 cuartillos y 25 brazas de tierra y arrifes en El Morrillo de la Breña.
  • 21 fanegas, 10 celemines y 2 cuartillos de tierra, arrifes y riscos en El Arenal del Cabezo (con tres cuevas).
  • 4 fanegas, 2 celemines y 18 brazas de tierra y arrifes en La Mesa.
  • 2 fanegas, 3 celemines y 10 brazas de tierra y arrifes en El Lomo del Camello.
  • 103 fanegas, 9 celemines, 3 cuartillos y 31 brazas de tierra, arrifes y riscos en el mismo lugar. La lleva Matías Cruz.
Propiedades del marquesado en Cazadores:
  • 91 fanegas, 11 celemines y 15 brazas de tierra, arrifes y riscos en “El Risco de las Ortigas” y “Solana de Cazadores”. Lo lleva Juan Rodríguez.
  • 19 fanegas y 5 celemines de de tierra y arrifes en “Hoya Bermeja”. Lo lleva Antonia Caballero.
  • 1 fanega, 8 celemines y 23 brazas de tierra y arrifes en “La Erilla”.
  • 1 fanega, 8 celemines, 3 cuartillos y 23 brazas de tierra y arrifes en “Los Cuchillos”.
  • 10 fanegas, 4 celemines, 1 cuartillo y 28 brazas de tierra, arrifes y riscos en “El Gorete” [Guriete]. Lo llevan entre Juan Rodríguez y Juan Caballero.
  • 18 fanegas, 11 celemines y 13 brazas de tierra y arrifes en “El Blanquizal”. También la lleva Antonia Caballero.
  • 1 fanega, 4 celemines y 3 cuartillo de tierra y arrifes en “Los Escobones”. Lo llevan Antonia Caballero y Juan Caballero.
  • 17 fanegas, 7 celemines y 30 brazas de tierra y arrifes en “El Laderón”. Lo lleva Antonia Caballero.
  • 68 fanegas, 9 celemines, 1 cuartillo y 14 brazas de tierra, la mayor parte de arrifes y páramos, donde llaman “La Mesa” y “Fuente de la Gaviota”. La llevan los tres (¿anteriores?).
  • 9 fanegas, 10 celemines, 3 cuartillos y 6 brazas de tierra y arrifes en “La Abejerilla”.
  • 8 fanegas, 2 celemines y 18 brazas de tierra y arrifes en “La Hoya de la Perra”, en “El Salvialillo”.

Como vemos, este inventario nos ayuda, además, a perpetuar en la historia topónimos de nuestra ciudad ya perdidos, así como el recurso al mayoral o guardés por medio de los cuales el propietario de las tierras las mantenía en explotación y rendimiento. En este sentido, destaca la confianza del V marqués en la familia Caballero.

Por último, teniendo en cuenta las diversas propiedades que en la otra vertiente del barranco de los Cernícalos también poseyó el marquesado, entre otras, las que aún hoy se denominan Las Haciendas en Valsequillo (Santana), nos podemos hacer una idea de cuán rico llegó a ser en propiedades agrícolas el marquesado del Buen Suceso, más allá de las aruquenses.


REFERENCIAS

AHPLP. Archivos privados. Familiares y personales. Sall Tascón. Administración de bienes. Inventario de bienes y propiedades (1877-1895). Signatura: FST-005/47.

Rumeu de Armas, A. (1983). "El marqués del Buen Suceso (1712-1783)" en Anuario de estudios atlánticos, núm. 29, pp. 233-302.

Santana, F. (2025). "Haciendas del Marqués del Buen Suceso" en "Valsequillo Digital", 5/09/2025, s/p. https://valsequillodigital.es/haciendas-del-marques-del-buen-suceso/ [consultado el 10/09/2025].